«No dejo de sentir una sensación de inseguridad, de miedo constante. Me da pánico cuando tengo que bajar las persianas en la noche. Siento que la persona que la mató vuelve cada tanto al lugar. Puse una cerradura extra a la puerta y estamos instalando cámaras, porque, como sabemos, las que tiene el complejo no funcionan», dijo la comerciante, quien pidió reservar su identidad, a LM Cipolletti.
Omar tiene 43 años y vive con su familia en el complejo lindante de similares características y propiedad del mismo dueño. Hace tres meses se mudaron allí. El sábado 2 de julio no advirtió nada raro. «Los vecinos dicen que no fue un robo. Yo la verdad no sé. Lo único que sí sé es que desde ese día tengo mucho cuidado cuando entro el auto de noche. Miro tres o cuatro veces», contó al mismo periódico.
«Ese día justo salí con una prima a las 16, y cuando volví a la noche ya estaba la Policía. Nadie se dio cuenta de la situación. Todos pensamos que había sido sólo un robo, pero después me enteré lo que realmente había pasado», comentó Fernanda, una vecina.
Ella vive allí desde el 2018. En algunas oportunidades se había cruzado a Agustina en la vereda, y también a Pablo Parra. Sabía que eran vecinos, pero no más que eso.